Modificaciones de San Polo

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Todavía no conozco ningún edificio que a lo largo de los siglos no haya sufrido modificaciones. Ya sea para mantenerlo en pie o porque se ha destinado para otra función. San Polo en este caso tampoco es ninguna excepción. Y a lo largo de ocho siglos sabemos que ha sufrido cinco modificaciones importantes.

PRIMERA MODIFICACIÓN DE SAN POLO:

Fachada norte de parte de la nave y claustro de San Polo.
Fachada norte de parte de la nave y claustro de San Polo

La primera modificación de San Polo tuvo lugar durante el siglo XII y es probable que coincidiera con la llegada de los caballeros del Temple a Soria. Por aquel entonces, San Polo podría haber sido una pequeña ermita o un albergue para aquellas personas que no deseaban entrar en la ciudad para continuar su camino o, sencillamente para quienes la noche se les había echado encima.

Lo único cierto es que los primeros vestigios datan de principios del siglo XII. Y aunque ahora coinciden con lo que llamamos claustro, poco sentido tendría construir un claustro, pero no su iglesia.  Por lo tanto, cuando los templarios se instalaron en estos predios adaptarían aquella construcción a sus necesidades. Siempre y cuando no fueran ellos quienes, a principios de dicho siglo, se hubieran instalado ya en estas márgenes del río Duero.

SEGUNDA MODIFICACIÓN:

San Polo.
San Polo

Una vez prohibida la hermandad de los Caballeros del Temple, San Polo subsiste con más pena que gloria el paso del tiempo; unas veces ocupado y las más abandonado. Hasta que don Suero de Vega se convierte en el primer propietario laico conocido de San Polo. Esto sucede ya en el siglo XVII.

Esta segunda modificación de San Polo va de la mano del Santo Patrón de Soria, pues cuando se decidió la construcción de la nueva ermita para San Saturio, don Suero cedió parte de los terrenos de San Polo para que aquella fuera trasladada y evitar tantas penurias a los fieles del anacoreta soriano. Sólo se puso una condición para ello: que San Polo cumpliese con las cargas de una capellanía (agregada a la parroquia del Espino). Y aunque al final San Saturio volvió a descansar en su roca, sí se utilizó para albergar sus restos mientras se construía la nueva ermita.

En este caso, don Suero de Vega utiliza los fondos recolectados, y transforma el ábside de San Polo en capilla para poder guardar las reliquias de San Saturio, vuelve techar la iglesia para que sirva de vivienda al capellán encargado de guardar el lugar y modifica una de las aspilleras del frente sur para dar cabida a una imagen del Santo y que mire hacia su cueva.

Una vez que San Saturio vuelve a su ermita, San Polo quedó abandonado.  Todavía es un misterio cómo y por qué don Suero de Vega se hizo con San Polo y posteriormente lo abandonó o vendió a otras gentes.

TERCERA MODIFICACIÓN DE SAN POLO:

San Polo visto desde su huerta.
San Polo visto desde su huerta

La tercera modificación se lleva a cabo a finales del siglo XIX. Y además, San Polo aparece ya como desacralizado. La propietaria de sus terrenos era la Marquesa de Noguera y, aunque ella no viviera en San Polo, sí lo hacía el encargado de la finca, quien ocupó el templo como vivienda, el chiquero como almacén y transformó la huerta en la envidia de todo aquel que caminara hacia San Saturio. Huerta que por cierto sigue siendo la envidia de todo aquel que se acerca a visitar la ermita de San Saturio por este camino.

CUARTA MODIFICACIÓN:

San Polo desde el cerro del Castillo.
San Polo desde el cerro del Castillo

De todas las modificaciones que ha sufrido San Polo, ésta cuarta es la que peor lo ha tratado.

El siglo XX no ayudó mucho a la conservación de San Polo, sobre todo en su primera mitad. En 1920, don Alejandro Garcés compra la finca al Conde de Montijo y a la Duquesa de Fernán Núñez, sobrina de la marquesa de Noguera. Aunque fuera el Conde quien usara el dominio en plena propiedad, cada uno de ellos poseía la mitad de la finca.

La familia Garcés quería usar la finca durante los veranos, por tanto convirtió la iglesia en vivienda para ellos, y como al encargado de la finca, al “sanpolero”, había que darle también alojamiento, dividió el edificio en dos.

En esta cuarta modificación de San Polo, las reformas que llevaron a cabo fueron numerosas y a fecha de hoy, es difícil de entender cómo pudieron llegar a mutilar de esa manera el edificio.

Exteriormente, en la fachada que da al norte y a ambos lados del arco, abrieron dos ventanucos en el primer piso. En el lado oeste abrieron dos ventanas rectangulares y en el muro sur realizaron las siguientes modificaciones: en el flanco más occidental de la fachada colocaron un ventanuco y, al lado de aquella aspillera que daba cabida a una imagen del Santo mientras levantaban su ermita, abrieron otra ventana rectangular.

En el ábside también llevaron a cabo importantes cambios. Exteriormente, además de eliminar una de las hornacinas y poner en su lugar una puerta, alteran parte del óculo poniendo un tejado y, en el interior cubrieron el suelo con cemento, tapando incluso las basas de las columnas; encalaron los muros y las bóvedas, y como los relieves de los capiteles dificultaban esta tarea, optaron por alisarlos. No merece la pena hacer comentario alguno ante semejante barbaridad.

¿Hay alguna posibilidad de aplaudir el trato que San Polo recibió por parte de don Alejandro Garcés? Bueno, cabe decir en su descargo que restauraron aquella aspillera modificada por don Suero de Vega dándole su forma original.

Más tarde, en los años cuarenta, San Polo sufría una nueva pérdida. Los propietarios, o gentes autorizadas por ellos, o quien quiera que fuese, talaron tres nogales situados cerca del manantial. El hecho, no tendría mayor protagonismo si no fuera porque ya estaban allí en el siglo XII.

QUINTA Y ÚLTIMA MODIFICACIÓN DE SAN POLO:

San Polo desde el río Duero.
San Polo desde el río Duero

Y finalmente, San Polo sufre su quinta y última modificación. (Al menos que yo conozca). Además, afortunadamente en este caso para bien, ya que se intentó recuperar la forma original del conjunto. En 1949, los descendientes de don Alejandro Garcés venden la finca a don Tomás Brieva Bartolomé y lo primero que rehabilitan es la iglesia. Aunque la usaran también como vivienda, al encargado de la finca, ya sabes, al “sanpolero”, lo realojan en una construcción exenta a la iglesia, levantada por el anterior dueño. Y todas las modificaciones hechas por don Alejandro Garcés son de nuevo remodeladas.

Aquellos ventanucos abiertos en el muro norte son transformados en aspilleras. Mantienen los ventanales de las fachadas oeste y sur restaurándolos y acentuando los sillares que los rodean. Y el ventanuco situado en la pared sur lo tapian.

El ábside vuelve a recuperar la función de capilla. Para ello tapian la puerta y reconstruyen la hornacina que había en su lugar. Y en el interior retiran el hormigón del suelo descubriendo, de nuevo, las basas de las columnas.

Por último, devuelven todo su esplendor al óculo de seis lóbulos, eliminando el remate horizontal del tejado anterior para poder recuperar el tejado a dos vertientes original.

SAN POLO SIGUE SIENDO MAGNÍFICO:

¿Crees que el hecho de que sea propiedad privada ya no merece dar un paseo por sus alrededores?

¿Acaso piensas que tantas remodelaciones han hecho perder encanto al conjunto de San Polo?

Nada más lejos de la realidad. Anímate y ven a conocer San Polo.

AGRADECIMIENTOS:

Para poder realizar este post me he basado en el libro “San Polo”, de Marco Antonio Garcés.

Todos los datos que ves en cursiva en este post son datos extraídos al pie de la letra de este libro.  Y te recomiendo, si tienes ocasión de que alguien te lo deje, que te lo leas. Sus primeras páginas te arrastrarán a un mundo de jinetes y espadas, honras y dogmas, donde la vida de las personas se fundamentaba en la creencia de una vida mejor. Y sin que te des cuenta llegarás al siglo XX, donde el concepto de propiedad privada y el individualismo cobran una dimensión única que se mantienen hasta ahora.

La verdad es que es el único libro que he encontrado sobre San Polo para poder corroborar datos y, para colmo se encuentra descatalogado. Es una pena, porque este conjunto histórico, por muy privado que sea, forma parte de la vida de Soria y no debería quedar relegado al olvido, o a lo sumo, a que se trate de “una edificación que tienes que atravesar para continuar tu camino hacia San Saturio”. San Polo es mucho más.

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