Historia de San Polo

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Se cree que la historia de San Polo comienza con la etapa de repoblación por parte del rey de Aragón don Alfonso I el Batallador.

HISTORIA DE SAN POLO DURANTE EL SIGLO XII:

Puede ser que en los albores del siglo XII se construyó una pequeña edificación en este lugar, que posiblemente tuvo la función de ermita u hospedería. O quizás ambas cosas pues, con motivo de la repoblación encargada por el rey de Aragón don Alfonso I el Batallador a don Fortún López, decidiera este último proteger la ciudad por esa margen del río de posibles invasiones e incluso, de proporcionar alojamiento a los transeúntes que se les echaba la noche encima y no podían continuar su camino hasta el día siguiente.

HISTORIA DE SAN POLO DURANTE EL SIGLO XIII:

Lo que sí es cierto es que durante el siglo XIII vivió su momento de gran esplendor. San Polo se convirtió en un monasterio con iglesia, hospedería, huerta y pradera para apacentar ganado. Y, si una de sus funciones fue la defensa de la ciudad también fue lugar donde don Diego Gil de Ayllón llevó a cabo el censo que ordenó el rey don Alfonso X el Sabio en 1270.

LA ORDEN DEL TEMPLE:

Parte de la fachada sur de la nave de San Polo.
Parte de la fachada sur de la nave de San Polo

Esta época coincide también con el esplendor de la Orden del Temple, y aunque no hay documentos que atestigüen la estancia de templarios en San Polo, hay tres particularidades que hacen creer que sí hubo templarios a orillas del Duero en la ciudad de Soria.

En primer lugar, en Soria sí había templarios. Este hecho lo atestigua un manuscrito de la Cofradía del Temple que afirma que en el siglo XII ya había templarios en Soria naturales de Almazán, el Burgo de Osma y la misma Soria.

En segundo lugar, las características constructivas del monasterio ofrecen claras referencias a un estilo templario, que desgraciadamente ni tú ni yo podemos visitar ya que es una propiedad privada.

Y, en tercer lugar, la magnificencia de San Polo entra en decadencia a la par que desaparece la Orden del Temple. En el siglo XIV se prohíbe la Orden de los templarios y en 1310, en Castilla, se ordena que todas sus propiedades sean administradas por la correspondiente diócesis. Por lo tanto, San Polo pasó a pertenecer a la diócesis de Osma.

HISTORIA DE SAN POLO DURANTE LOS SIGLOS XIV-XVI:

San Polo visto desde el cerro del Castillo.
San Polo visto desde el cerro del Castillo

Los siglos XIV y XV no fueron gloriosos para San Polo. Aunque el obispado lo convierte en capellanía para que sus curas mantengan la huerta y transformen las tenerías en albergue, terminará siendo abandonado, pues en el siglo XVI, el monasterio se encontraba completamente arruinado. Por esas fechas había una importante empresa lanera ubicada rio abajo. Su propietario, “el Portugués”, quiso dar las gracias al santo anacoreta por lo bien que iba su negocio y se cree que fue él quien construyó el camino que atraviesa San Polo y te lleva a la ermita de San Saturio. Para ello, probablemente, utilizó las piedras de las derruidas tenerías.

HISTORIA DE SAN POLO DURANTE EL SIGLO XVII:

La historia de San Polo, durante el siglo XVII, inicia su andadura como propiedad privada.

El primer propietario privado del que se tiene noticia es don Fernando de la Vega y Acuña.

No se sabe por qué se hizo con el terreno ni por qué lo abandonó más tarde. Sin embargo, la ruinosa ermita de San Saturio, que ya ni las constantes reformas lograban mantenerla en pie, se cruzó en su camino. Por lo que en 1649 decidió ceder el monasterio de San Polo al Cabildo de la Colegial para que construyesen allí esa nueva ermita, pero muy a su pesar, se tuvo que conformar con alojar temporalmente al Santo. Para ello, su hijo, don Suero de Vega, adaptó la iglesia de San Polo a fin de que los fieles pudieran visitar a su noble anacoreta y se pudieran llevar a cabo los diferentes oficios religiosos.

HISTORIA DE SAN POLO DURANTE EL SIGLO XIX:

Vista parcial de la huerta de San Polo, con el Parador de fondo.
Vista parcial de la huerta de San Polo, con el Parador de fondo.

Si bien San Polo vuelve a quedar a merced del paso del tiempo hasta finales del siglo XIX, época en que la Marquesa de Noguera se alza como nueva propietaria, se cree que algún encargado de la huerta podría vivir allí.

Esta mujer marca un antes y un después en los terrenos de San Polo. Para empezar, es evidente que la iglesia ha sido desacralizada, puesto que el encargado de la finca la utiliza para alojarse; como el ganado desaparece definitivamente de su entorno, el chiquero se convierte en almacén; y la huerta prospera de tal manera que incluso hoy sigue siendo una maravilla.

De hecho, desde este momento y hasta nuestros días, la historia de San Polo se mezcla con su huerta, que no ha dejado de funcionar y, puedo asegurarte que es una verdadera delicia disfrutar de sus aromas camino a San Saturio.

HISTORIA DE SAN POLO DURANTE EL SIGLO XX:

PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX:

Lado izquierdo de la fachada sur de la nave de San Polo.
Lado izquierdo de la fachada sur de la nave de San Polo

En 1910 entrega en herencia la mitad de la propiedad de San Polo a su sobrina, la Duquesa de Fernán Núñez. Esta división de la hacienda hace pensar que sólo poseía esa mitad de todo el conjunto de San Polo, o que la otra mitad se la entregó al Conde de Montijo, porque es quien vende toda la propiedad a don Alejandro Garcés en 1920. Aun cuando no termino de tener muy claro quiénes eran propietarios o cómo se llevó a cabo la sucesión de San Polo, algún tipo de relación existiría entre la Marquesa, el Conde y la Duquesa.

Durante el tiempo que la familia de don Alejandro Garcés ostenta la titularidad de San Polo, tanto su familia como el encargado de la finca, el “sanpolero”, viven en la iglesia, la cual acondicionó, llevando a cabo numerosas reformas, para acomodar en ella dos viviendas.

SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX:

Arco sur que divide la nave de San Polo.
Arco sur que divide la nave de San Polo

Y posteriormente, a mitad del siglo XX, en 1949, la sucesión de don Alejandro Garcés, vende, junto a otras propiedades, la finca a don Tomás Brieva Bartolomé. En esta ocasión, al “sanpolero” le ofrecen una vivienda exenta construida por el anterior dueño y la familia ocupa el edificio en su totalidad. Afortunadamente, en esta ocasión, las renovaciones que se hicieron en la iglesia fueron para bien.

¿Seguirán habitando San Polo los descendientes de Tomás Brieva Bartolomé o habrán vendido a otra familia?

DETALLES “MODERNOS” CON RESTOS ANTIGUOS:

Finalmente, la historia de San Polo también jalona el camino hacia San Saturio, ya que hay un detalle más que debes conocer cuando traspases los ya famosos arcos para ti. Si deseas sentarte durante tu paseo en alguno de los bancos, hazlo con mucho respeto, pues son cuatro losas funerarias que probablemente pertenecieron al Monasterio de San Polo y fueron llevadas a “decorar el camino” cuando la construcción de la ermita de San Saturio.

Como ves, San Polo no es una edificación en mitad de un camino. Más bien, es un camino en mitad de una iglesia que todavía guarda multitud de secretos acaecidos a lo largo de más de ocho siglos.

Cuando estés en Soria y tengas ocasión de bajar al río, no te pierdas la ocasión de visitarlo. Conoce San Polo. Te sorprenderá.

AGRADECIMIENTOS:

Para poder realizar este post me he basado en el libro “San Polo”, de Marco Antonio Garcés.

Todos los datos que ves en cursiva en este post son datos extraídos al pie de la letra de este libro.  Y te recomiendo, si tienes ocasión de que alguien te lo deje, que te lo leas. Sus primeras páginas te arrastrarán a un mundo de jinetes y espadas, honras y dogmas, donde la vida de las personas se fundamentaba en la creencia de una vida mejor. Y sin que te des cuenta llegarás al siglo XX, donde el concepto de propiedad privada y el individualismo cobran una dimensión única que se mantienen hasta ahora.

La verdad es que es el único libro que he encontrado sobre San Polo para poder corroborar datos y, para colmo se encuentra descatalogado. Es una pena, porque este conjunto histórico, por muy privado que sea, forma parte de la vida de Soria y no debería quedar relegado al olvido, o a lo sumo, a que se trate de “una edificación que tienes que atravesar para continuar tu camino hacia San Saturio”. San Polo es mucho más.

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