El nombre de don Ramón Benito Aceña está plasmado en la placa de una céntrica plaza de la ciudad de Soria. Aunque tal plaza no le hace los honores que se merece, pues todos los sorianos se refieren a ella como “la plaza Herradores”.
VIDA DE DON RAMÓN BENITO ACEÑA:
Ramón Benito Aceña nace en 1830 en el seno de una familia acomodada de un pequeño pueblo de la Comarca de El Valle de Soria: Valdeavellano de Tera. Bueno, pequeño es ahora. En su momento bullía de vecinos y actividad ganadera y agrícola.
Ramón, una vez superada la escuela elemental, marcha a Soria a estudiar el grado de Bachiller. Y desde aquí pone rumbo a Madrid para realizar la carrera de Derecho.
El salto a la política se hizo esperar, pues es en el año 1871 cuando es elegido Diputado de Cortes. Y de ahí al Senado, donde ocupó el cargo de Senador por Soria cinco veces seguidas.

Llegando al final de sus días, un nuevo acontecimiento le rebulle: el yacimiento arqueológico de Numancia. La cantidad ingente de objetos que se extraen de la mítica Numancia, descrita como la gran heroína por los propios cronistas romanos de la época, no le deja indiferente y decide, a sus expensas, construir un precioso museo y dotarlo de las infraestructuras necesarias para albergar tanto tesoro celtíbero.
Desgraciadamente, no pudo asistir a su inauguración por el rey don Alfonso XIII en 1919, ya que falleció el 11 de diciembre de 1916 en Madrid. Aunque en su testamento dejó muy claro qué debía hacerse con el museo cuando fuera inaugurado.

RAMÓN BENITO ACEÑA FUE UN GRAN POLÍTICO Y EXCELENTE FILÁNTROPO:
Don Ramón Benito Aceña, una vez terminó la carrera de Derecho en Madrid tuvo ocasión de “hacer las Américas”, pues con 25 años fue propuesto para el cargo de Alcalde Mayor de Baracoa (Cuba), pero decidió quedarse en Madrid. Probablemente tenía alguna idea en la cabeza y no le interesaba tanto como continuar de Oficial Auxiliar con categoría de Juez de Ascenso en el Ministerio de Gracia y Justicia.
Es después de este período en el Ministerio de Gracia y Justicia cuando fue elegido Diputado de Cortes, y acto seguido ocupó el cargo de Senador por Soria durante prácticamente toda su vida.
Durante este período como político no sólo se encargó de dar a conocer la provincia de Soria, también quiso promover su apertura y desarrollo. Y nada mejor que comenzar mejorando las comunicaciones terrestres.
LA REVOLUCIÓN DEL FERROCARRIL:
Durante el siglo XIX el medio de locomoción por excelencia seguía siendo el caballo. Pero el señor Stephenson revolucionó el medio de transporte fabricando una locomotora que utilizaba la tecnología de la máquina de vapor para moverse. El tren empezaba a hacer su aparición. Gracias a él, personas, animales y mercancías podían trasladarse de un lugar a otro en poco tiempo.
Don Ramón Benito Aceña sabía que si Soria se subía al tren, su futuro podría cambiar. ¿Poder recorrer grandes distancias en poco tiempo? Eso suponía que las mercancías podían llegar a más lugares en menos tiempo; que la gente podía desplazarse más rápido, lo que podía dar lugar a volver en el mismo día; que pudieran llegar materias primas de fuera que de otra manera resultaría muy costoso… Vamos, toda una revolución.

Y no lo dudó. Trabajó y luchó para conseguir que el ferrocarril pasara por la capital en el trazado de Bailes a Castejón y en el de Valladolid-Calatayud. Y además también consiguió que el tren pasara por Torralba-Soria, ruta que nos enlazaba directamente con Madrid.
¿Qué le ha pasado al ferrocarril en Soria? ¿Dónde ha quedado este legado de don Ramón Benito Aceña?
Y aunque durante su carrera como Senador se centró sobre todo en el ferrocarril, nunca se olvidó de su pueblo y bien sabía él lo complicado que era desplazarse por esos caminos.
Así que, una vez finalizado su período como Senador, en 1896, hizo construir la carretera de Zarranzano a Molinos de Duero, facilitando las comunicaciones en el valle del Tera y la zona de Pinares. Y te puedo decir que un siglo más tarde estas comarcas de Soria fueron objeto de una importante infraestructura vial para que no se quedaran incomunicadas durante el invierno.
NUMANCIA, PROBABLEMENTE LA LABOR MÁS QUERIDA DE DON RAMÓN BENITO ACEÑA:
Al final de sus días, dedicó un tiempo importante de su vida al yacimiento de Numancia.

Las excavaciones arqueológicas admiraron de tal manera a don Ramón Benito Aceña que no dudó en pagar la construcción de un monumento al yacimiento, el cual donó al mismo yacimiento en 1905 y actualmente puedes ver cuando visites las ruinas de Numancia.
Y sabiendo que sus días, en cualquier momento podrían dejar de dar luz, dejó bien atado en su testamento qué era lo que se debía hacer con su querido Museo Numantino. Sus albaceas testamentarios, Abad Gómez Santacruz, don Nicolás Benito y don Claudio Fernández, ejecutaron la última voluntad de Ramón donando el Museo Numantino al Ministerio de Instrucción Pública y Bellas artes. Don José Prado y Palacio aceptó la donación en representación del Gobierno y el Museo Numantino comenzó su andadura oficialmente bajo la dirección del ilustre don Blas Taracena Aguirre.

MEDALLAS Y CONDECORACIONES:
Finalmente, no puedo obviar algunas de las condecoraciones que don Ramón Benito Aceña recibió que si bien no tienen nada que ver con su trabajo por Soria, sí son importantes de destacar: la Gran Cruz de Isabel la Católica, entregada por el rey Alfonso XII y la Medalla de Oro al solemne acto de la jura de su Majestad el Rey entregada por el mismo rey Alfonso XIII.
He dejado para el final la Medalla de Oro que recibió durante la Exposición Universal de Barcelona de 1888, por las ricas lanas merinas de la ganadería de su propiedad. Me gusta porque demuestra que nunca renunció ni desatendió su hacienda de Valdeavellano de Tera.
AGRADECIMIENTOS:
En estos momentos es casi imposible conseguir una biografía de don Ramón Benito Aceña, y no será por méritos propios para tener su libro. Pero afortunadamente, don José Luis Argente Oliver tuvo la delicadeza de plasmar unas pequeñas líneas sobre este gran filántropo en su libro “Historia del Museo Numantino”.
De hecho, todo aquello que tengo escrito en cursiva, pertenece a dicho libro.
Gracias a ello, cualquiera puede conocer a este gran filántropo soriano y de paso darse una vuelta por el Museo Numantino.